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¿Cómo te llamas?

Algunas personas están felices con el nombre que les pusieron sus padres. ¡Otras no tanto! Algunas llevan el nombre de algún antepasado muy querido. En otras, su nombre es una combinación de nombres de algunos familiares (¡para quedar bien con todos!). Hay personas cuyos nombres son poco común, a veces porque sus padres se guiaban por el calendario del santoral católico (un tío llamado Epifanio por haber nacido el día de la "Epifanía del Señor"), o por un padre fanático del deporte (alguien le llamó "Tres a uno" a su hijo por haber sido ese el resultado de un partido importante de fútbol). Además, también están los apodos, muchas veces haciendo referencia a alguna característica física y, generalmente de manera derogatoria. Pero también hay apodos bonitos, así como hay nombres bonitos.


Cuando era niña siempre firmaba "Alicia R. Sedaca" y casi nunca decía cuál era mi segundo nombre (Ruth) porque no era uno de mis favoritos. ¡Ahora me encanta!


La Biblia contiene muchas referencias a los nombres de las personas. Muchas veces el nombre de alguien está relacionado con alguna característica de la persona o con los planes que Dios tiene para la vida de esa persona.

Pero hay otro uso que se menciona especialmente en el libro de Proverbios, y es el de un buen nombre. Por ejemplo, leemos que "más vale el buen nombre que las muchas riquezas" (Proverbios 22:1). Es interesante que en el original hebreo de este versículo no aparezca el adjetivo "buen". Simplemente dice "nombre", pero en el idioma bíblico esta palabra parece implicar honor, autoridad o carácter más que una simple identificación.


La idea de comentar sobre este tema surgió porque recientemente vi una nota por televisión en nuestro noticiero local que me llamó la atención. Se trataba de alguien en una empresa de construcción que había estafado a un cliente dejándole el trabajo sin terminar. Al final de la nota el reportero, en su deseo de impedir que otras personas fueran afectadas, mostró claramente la tarjeta personal de este estafador. Y lo que me llamó la atención fue que en la tarjeta ¡este hombre había incluido la figura del pescadito que identifica a los seguidores de Jesús! Evidentemente ese hombre no era un modelo de "un buen nombre".


Creo que para nosotras las hijas de Dios, es sumamente importante esforzarnos por mantener un buen nombre. En la Biblia no solo se habla del valor de tener un buen nombre sino de algunas características del mismo. Veamos:

  1. Un buen nombre no se origina en uno mismo sino en otros. Es decir, que nuestra reputación viene de otros que reconocen nuestra integridad ¡no del que anuncia que la tiene! "Que te alabe el extraño, y no tu propia boca; el ajeno y no tus propios labios", Proverbios 27:2

  2. La persona que no tiene un buen nombre va a terminar mal. "…el nombre de los impíos se pudrirá", Proverbios 10:7.

  3. El buen nombre tiene mucho valor. "Mejor es el buen nombre que el perfume fino", Eclesiastés 7:1.

  4. Debemos ocupar nuestra mente en "todo lo que es de buen nombre" Filipenses 4:8.

Entonces, ya que no me corresponde a mí andar proclamando que tengo un buen nombre, sí puedo hacer algo para merecerlo. ¿Qué cosas puedo hacer?

  1. Puedo mostrar integridad no solo en mis acciones sino también en la motivación para hacerlas. A veces vemos a algunos políticos o personas reconocidas que hacen buenas acciones simplemente para obtener votos o fama. ¡Seguramente recuerdas que Jesús habló mucho de este tipo de personas!

  2. Puedo mostrar honestidad. Sinceramente me da lástima cuando veo alguna noticia donde se destaca a alguien que actuó honestamente. ¿Por qué tiene que ser noticia que alguien devuelva a su dueño una billetera que encontró en la calle? ¿No debería se esto lo normal? Abraham Lincoln recibió el buen nombre de "Abe el honesto" (Honest Abe, en inglés). Se dice que una noche antes de cerrar el comercio donde trabajaba estaba contando el dinero de la caja y descubrió que había cobrado unos centavos de más. Entonces cerró la tienda y caminó una gran distancia para devolverlos. En otra ocasión descubrió que, al venderle té a una mujer, había usado una pesa equivocada y le había dado menos de lo correspondiente. Abe caminó a la casa de la mujer para devolverle el puñado de té que le faltaba.

  3. Puedo ser diligente en hacer todo lo que se espera que haga, y también en hacer todo lo que digo que voy a hacer. Me encanta ese tipo de personas en las que uno puede confiar sabiendo que siempre van a actuar de esa manera.

  4. Puedo mostrar la disposición a salirme de mi camino para ayudar a otros. Eso implica que tengo que estar con los ojos bien abiertos para ver las necesidades de los demás, y evitar poner excusas para hacer algo por ellos.

De modo que no solo quiero tener un nombre bonito sino "un buen nombre". Espero que tú también. Entonces vuelvo a preguntarte: ¿Cómo te llamas? ¿Qué apodo te gustaría que te pusieran quienes te conocen más?

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